jueves, 29 de abril de 2010

un Espejo de doble filo

Me hallaba una vez más del otro lado del espejo, en el mundo onírico. Me encontraba en la entrada del edificio donde vivo. Esta entrada tiene tres escalones hasta que se uno alcanza la puerta y en ese espacio uno no ve la cuadra a los lados, solo una porción de la de en frente (es decir que queda encerrado en el pequeño hall de metro y medio por dos metros).

Estaba sentado en uno de estos tres escalones... y en una de las oleadas arremolinadas de ese mundo, donde los recuerdos y las fantasías se entrelazan y mezclan, noté que mi viejo estaba sentado en el escalón de la librería de al lado (el local que hay dentro de la propiedad del edificio, entre la puerta de entrada y el portón del garage). Estaba con... unos... amigos. Compañeros de trabajo, de la remisería.

Descubrí tras escucharlos charlar que lo apodaban Albóndiga. Sí, esto es muy gracioso, me hace reír ahora de este lado, pero en ese entonces no me había causado gracia. De ese otro lado yo parecía cargar con todo el enojo que he cargado contra mi viejo en mi vida, enojo que de este lado a veces surge pero que supongo que escondo en esa mitad del cerebro. Esto me alertaba, me hacía estar atento y expectante, sin risas, sin distracciones. Estaba entonces yo consciente de él cuando por la cuadra se paseó mi prima, la que está próxima a casarse, y lo saludó.

"¡Hola Quique!" exclamó al ver a su tío sentado al lado de lo que en tiempos de matrimonio era su casa. Pero él... él no contestó el saludo, él dijo "¿Quique? Yo Albóndiga".

¿Por qué? ¿Por qué negaría su identidad familiar? Su identidad real, la de siempre. En este mundo todos lo conocen por su apodo Quique, inclusive en la remisería, pero entendí que mi subconsciente había planeado que de ese lado no fuera así para poder él actuar, poder esconderse, negar su identidad cotidiana, real.

¿Pero era cotidiana? ¿Estaba actuando realmente? Él pasa más horas, más días de su vida con esa gente que con familiares. Si la cotidianidad se define por tiempo de la rutina ocupado, entonces esa sería su actual familia. Tal vez no actuaba, tal vez había olvidado quién era. Pero en el momento no me entregué a esta idea, el enojo no me dejaba. Es fácil pensarlo ahora, en frío, pero cuando uno odia al otro, no va a excusarlo considerando todas las posibilidades. Él había negado su pasado, nos había negado a nosotros, se había avergonzado y por ende me había avergonzado a mi. Me había enojado mucho más. Esto era imperdonable.

Mi prima... nunca lo sabré cómo, pero siguió su camino por la cuadra. Por su cara de sorpresa puede que haya sentido tanto una incomprensión que la confundió lo suficiente como para no querer aclarar nada como que haya entendido lo ocurrido y la vergüenza ajena fuera lo que la ahuyentó de la puerta de mi hogar. Al seguir apurada ni me vio, sentado a un metro de distancia de mi padre con una pared en medio.

Yo seguía incrédulo, inflándome en odio, mientras entraron un par de vecinos que ni recuerdo si saludé o no. En algún momento entró mi cuñado y mi madre, los saludé, pero estaba demasiado ensimismado para recordar si me dijeron algo. En eso, asomándome un poco hacia la calle pero manteniéndome fuera de su vista, noté que tenía una suerte de tablero lúdico, o tal vez era otra cosa que él usaba con ese fin. Tenía un agujero y yo una lapicera, así que la lancé suavemente ahí, usándola como un dardo arrojadizo, y di con el blanco. Me pregunto ahora el por qué de esta acción, qué quería lograr. Creo que solo quería lograr una reacción. En mi perplejidad necesitaba interacción, necesitaba entender. Fuera lo que fuera que él hiciera me daría indicios, datos, me ayudaría a entender.

Él, mientras seguía hablando con sus compañeros, la sacó y la hizo rodar por el suelo hacia mi lado sin prestarle atención. Repetí esto dos o tres veces, siempre con el mismo resultado. O no le importaba o estaba subestimando ámpliamente su consciencia al respecto de todo esto.

Entonces... escuché algo que me congeló. Él me mencionó, hizo referencia a mi como "Alan, un muy buen amigo". No recuerdo por qué, creo que alguno de sus compañeros le preguntó algo sobre mi, tal vez me vieron, tal vez él contaba una anécdota. Lo que sí sé es que se refería a mi y cuando lo oí sentí un total jaque mate a mis prejuicios. Caí rendido en el escalón (no importa si ya estaba sentado, caí aún más sentado). Me desplomé. Me emocioné. Me reí de mi mismo. Me tenté. Y finalmente me sentí en paz.

En mi constante necesidad de entendimiento, impulsada por las frustraciones ganadas en mi pasado, principalmente en mi niñez pero también en años posteriores, me reconocí sumergido en una tormenta de prejuicios y juicios que me cegaban totalmente, atando cabos con alambre por donde pudiera. Y de repente entendí que... entiendo mucho menos de lo que suelo creer que entiendo. Y que siempre entenderé mucho menos de lo que siempre querré entender. Y me alegré, porque la aceptación del límite de la razón lo obliga a uno a ponerse en contacto con otros planos. Entonces me conecté más con mi corazón, y sentí.

Tal vez todo esto sea un análisis injusto de mi sueño, porque nace desde este lado, desde el lado de la vigilia. Tal vez sería más provechoso contar solamente las emociones que me golpearon y ya. No lo sé. Lo que sí sé es que no es la primera vez que mi Subconsciente me trae una linda sorpresa. Me ha pasado varias veces en mi pasado cercano y en mi pasado mediano en situaciones de enamoramiento no correspondido. Y al final, cuando me despierto, siempre siento esa extraña sensación, esa incertidumbre, esa necesidad de entender... por qué. Como si los sueños me bajaran de alguna entidad superior ajena a mi. Y me pregunto por qué me permite auto-boicotearme con miedos inconscientes de día para solo protegerme, mecerme entre sus brazos de ensueño, de noche (y encima solo a veces).

Y entonces recuerdo... que yo soy parte de esa entidad superior. No existe nada ajeno a mi porque no existe nada ajeno a nada, en este Universo donde todo está conectado con todo. Y yo, que soy guiado por el poder del Espejo, me conformo de ambas partes del mismo. Y en mi desconcierto matutino recuerdo que si yo pude protegerme esa noche de los fantasmas que me atormentaron el día anterior, tal vez pueda hacerlo durante este día también.

6 punicomentarios en esta punientrada:

Electra Jolie dijo...

Los fantasmas, los entes, los espejos, (porque asumo que no hay sólo uno), son danzantes en humanos, en aquella raza que todo lo quiere entender. ENTONCES CONOCES A TUS DEMONIOS? pero..acaso ellos te conocen a ti?

cronopia dijo...

Wow
a veces los sueños pueden ser muy reveladores

soñario dijo...

mmm como se dice? epifanía.
Ah no sé, yo a mis sueños a veces intento no analizarlos, tengo miedo de lo que me pueden revelar.
Si soñas que ricardo mollo te pide disculpas por no apagarte el aire acondicionado mientras cantabas en river adelante de miles de personitas, da para pensar.
En fin, tu sueño me hace acordar un poco a pensamientos que alguna vez me toco tener.
saludos.

Evolving Creature dijo...

Que lindo recordar los suenios de esta manera... a veces, hay cosas q no podemos procesar con la tan sobre estimada conciencia q el monstruo oscuro del otro lado del paredon devela sin el menor problema...
He visto tantas reacciones estupidas de la gente ante los suenios...
Pero si, senior... TAMBIEN son parte del Todo...

eterea · dijo...

Qué
hermosa
entrada
o.o

Stephanie dijo...

No se si te conté, pero siempre tuve sueños muy vívidos e incluso en una etapa era conciente que estaba soñando y podía controlarlos hasta que empecé a extrañar la sorpresa y me dejé llevar de nuevo. Muchas veces eran retazos de sucesos del día, otros más simbólicos y abstractos. Otros, los más misteriosos, conectados con sueños de otras personas.. y algunos, como en este caso, me mostraban otra forma de ver las cosas y traian mucho alivio. Qué lindo que también encuentres en lo onírico tanta magia! me encantó tu entrada.

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